Lo digo porque me lo han preguntado, vaya.
Y es curioso, porque mi cara está sacada de una foto en la que estoy frente a la kasbah de Ouarzazate, en mi último viaje a Marruecos.
El castillo de mi pueblo (así le hemos llamado siempre, aunque parece ahora que es más bien alcázar, que es lo mismo, pero en árabe) dotaba de gran belleza a la entrada del pueblo por la antigua carretera de Sevilla. Aunque ahora (hace tiempo que no voy por allí) puede que hasta eso se vaya al traste: están construyendo un puente en forma de dragón (sí, como lo leen) que a más de uno le hará pensar que se equivocó de carretera secundaria y acabó en Shangai. O peor, en un polígono industrial de Fuenlabrada.