Por coherencia, llega un momento en el que uno (allá por 2001) piensa en apuntarse en un gimnasio. Y busca uno que quede cerca de casa, sin reparar en que su precio sea excesivo, ni que esté ubicado en un sótano insalubre en el que, para colmo, se pueden incluso incendiar los vestíbulos (como el año pasado), donde el agua caliente se escatime en las horas de mediana asistencia y donde, en fin, uno no sea más que un número, un pagatini y un pringao. O sea, lo normal.
Ese gimnasio se llama Fitness First. No es que sean más estafadores que otros, no; ni que descuiden al cliente más de lo habitual. En realidad, lo que pasa es que soy muy susceptible. Ya verán, les cuento.
Hace poco cambié de vida, y cuando uno cambia de vida cambia, obviamente, de cuenta bancaria. Eso me pasó a mi y, llevado por un irresistible impulso de cliente cumplidor, me dirigí al Fitness First de mi barrio. Dije que cambiaran la situación de mi suscripción, recogiendo mi nueva cuenta bancaria y, por supuesto, respetando las condiciones pactadas.
En ese momento me dijeron que no había ningún problema, y que en cualquier caso, si lo hubiera, me llamarían al teléfono móvil (que ya tenían en mi ficha, pero que les recordé para la ocasión). Para mi sorpresa, en cambio, el cargo que llegó a mi cuenta era muy superior a la cuota pactada. Yo la devolví, comentando mi disconformidad con la cuota, y volví a pasarme por el gimnasio, donde comenté la situación.
De nuevo me dijeron que no me preocupase, que solucionarían el equívoco. Pero ¿lo solucionaron?
¡No! No sólo no solucionaron nada, ni me llamaron, sino que, ante mi estupor, se puso en contacto conmigo una empresa llamada Intrum Justitia. Me enviaron un SMS (¿incumplió Fitness First la Ley Orgánica de Protección de Datos?) en el que me pedían que me pusiera en contacto con ellos. Llamé, y una mujer que parecía una mala réplica de la presentadora El Rival más Débil me abroncó telefónicamente porque no había pagado una supuesta deuda (yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando), y, finalmente, me obligó a colgar o a generarme una úlcera cuando empezó con aquello de "percibo que usted no está colaborando...".
Y hasta ahora. Hoy volveré a hablar con la gente del Fitness First de mi barrio, para agradecerles el trato que como cliente fiel (si no era el más antiguo de sus clientes, poco me faltaba) me han dado, y para comunicarles que, pase lo que pase, nunca dejaré de estarles agradecido por la confianza y el trato humano y cercano que han demostrado conmigo.