En el norte de la ciudad se suceden sin solución de continuidad los "polígonos de excelencia", que son como los polígonos industriales de toda la vida, pero más pijos, con menos humos y más encorbatados.
Entre ellos se sitúan verdaderas fortalezas, financieras o de las telecomunicaciones, pequeñas ciudades feudales casi autosuficientes, donde puedes encontrar comida tailandesa o peruana, centros comerciales exclusivos, su propia flota de transporte, su policía privada... pero sobre todo, miles de trabajadores que han sido arrancados de su anterior entorno, la ciudad, donde conseguían integrar su vida profesional y personal.
Ahora Madrid está surcada por esta transhumancia cotidiana que es sístole y diástole que nos da vida, pero también el repiqueteo rítmico en las sienes de nuestra locura.