Y no es sólo cuestión de apariencia: basta con darse una vueltecita por la página para darse cuenta inmediatamente de que no hay nada de información realmente relevante, de que la que existe no está pensada para resultar útil a los usuarios, sino acomodada a la estructura burocrática de la embajada y que, por ejemplo (para rizar el rizo de lo absurdo) tan poca es la vocación de servicio al ciudadano que ¡el formulario de contacto devuelve un error de sendmail!
Para que la vergüenza patria sea más completa, en el mismo mensaje de la Lista Cadius se nos insta a comparar esta página de los horrores con las de otras embajadas europeas (Noruega, Suecia o Dinamarca...). Si es que es para que se nos caiga la cara de vergüenza, oiga.