Cuando uno vive fuera de su ciudad natal, se acostumbra a pensar en ella como si de una foto fija se tratase. Pero para nada es así. Cada vez que se vuelve, los cambios que se van acumulando lentamente se nos muestran de golpe, como una revelación.
Algo así me ha pasado a mi este fin de semana en el que he vuelto a mi pueblo, Alcalá de Guadaira.

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