¿Quién será esta persona que me visita desde Vanuatu? ¿Cómo es posible que tanta gente entre en mi blog buscando la palabra 'castración'?

Este es el tipo de cuestiones que nos ocupa. Claro que, con el tiempo, uno aprende a leer entre las enrevesadas líneas de los logs, entre la nube numérica de las direcciones IP. Entre el gazpacho de letras de los innumerables hosts, aparece de vez en cuando un rayo de luz: uno cree entrever entre las pautas de navegación la conducta de algún conocido, o quizá ha reconocido el nombre de la máquina desde la que accede (o del proxy de su empresa). Es de una tremenda indiscreción, pero ¡cómo resistirse a mirar cómo te miran!
Luego está el que confiesa. Un día te dice tu padre: leo todos los días tu blog, y, no sabes muy bien por qué, te da como algo de pudor. También te lo dice tu ex: por cierto, me gusta mucho tu blog, y tú te quedas sin saber qué decir. Te lo dice ese amigo al que hace meses o años que no ves: sé que estás bien, porque leo tu blog, y se te hace un nudo en la garganta (¿cuándo sacarás tiempo para visitar a los amigos, cuándo...?). Incluso, como me pasó ayer, te visita esa mujer que tanto te gusta pero con la que todo quedó, de momento, en un pudo ser y no fue: me gusta mucho como escribes, aunque no entienda nada de tu trabajo, y te quedas con ganas de decir: vente conmigo, deja que escriba a tu lado, ya sabes.... Pero no lo dices. En fin.
En el fondo, te gustaría que todo el mundo tuviera un blog, para estar en igualdad de condiciones, para fisgonear de vez en cuando, para conversar de otra manera (mucho más reflexiva: por escrito), para estar al tanto... Una persona, un blog. Una playa nudista, oiga. Las emociones al desnudo, en la blogosfera.