Es precisamente la naturaleza de este terreno volcánico la que provoca que las raíces de las hayas no puedan profundizar y se extiendan, como se observa en la foto de arquera, horizontalmente, en búsqueda de un siempre precario sustento.
Esta rareza botánica que es La Fageda transmite una idea de calma, de paz, de armonía. Pero nada más lejos de la realidad. Como sabiamente me hizo notar Joan (mi anfitrión y guía), en La Fageda se libra una lucha despiadada entre las propias hayas y los robles. Estos últimos son la especie más habitual en la zona, pero la elevada pluviosidad en algunos lugares concretos hace que se pudran, dejando el terreno libre para las hayas. Es espectacular comprobar de un vistazo la frontera, siempre en movimiento, entre las dos especies de árboles. Es una guerra sin cuartel, pero es una guerra que se libra a otro ritmo, a otro tiempo. Por ello es invisible a nuestros ojos.