De la propia lectura, más sosegada, de la noticia, se desprende que había gato encerrado. Monteverde, la inmobiliaria de turbias ramificaciones marbellíes que pretende derribar el teatro, habla de una modificación en sus intenciones, sí, pero no desiste de "reformas estructurales" que, conociendo el paño de que se trata, no puede ser sino una demolición encubierta. Dicen que no habrá Centro Comercial, pero nada hablan de las viviendas de lujo. Y garantizan el uso teatral de la sala, sí, pero no más allá de 2007. En fin, que todo suena a cortina de humo para intentar calmar los ánimos, desmovilizar al personal y esperar que todos miremos a otro lado para seguir haciendo, entonces, de las suyas.
Pero, sinceramente, no creo que lo consigan. Gracias a la inestimable movilización social que se ha vertebrado en torno a un blog (teatroalbeniz.blogspot.com), derribar el Teatro Albéniz no va a ser tan fácil. Ya ha obligado a Monteverde a mover sus posiciones, aunque sea sólo cosméticamente. De aquí a poco, si seguimos firmes en defensa del teatro, a Esperanza Aguirre no le quedará más remedio que cumplir lo que ya prometió en su programa electoral: comprar el teatro y garantizar, con ello, que siga indefinidamente ofreciendo una programación teatral de calidad en pleno corazón de Madrid.