Toda la playa, en consonancia, y a pesar de su inmensidad, está llena de gente. No llena como puedan estarlo Benidorm o Torremolinos, pero sí que hay un contínuo humano. Ya no hay espacios apartados donde perderse...
De nuevo Conil. Qué inmenso todo, pero qué cercano. Nada como cerrar los ojos al borde del mar y dejar que la mente vuele mecida por el viento.

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