Sin embargo, decidimos quedarnos. Demasiado tarde, nos perderíamos mucho tiempo de película. Y así fue como vi Kinky Boots, una cinta que no me hubiera llamado la atención de otro modo. Pero me gustó. Tras el ladrillo infumable de Alatriste, me reconfortó ver una película ligera, una comedia previsible pero bien tramada, con un argumento muy cercano a la estructura del cuento (a Cenicienta, al Patito Feo...) y una estética que resalta el antagonismo entre el paisaje (y el paisanaje) obrero de la Inglaterra profunda y el glamour angustiado de los travestis y drags urbanitas.