Pero vayamos por partes. Los policías, muy educados, me dejaron pasar un primer cordón de seguridad, luego otro más. En la entrada del edificio, gente de seguridad de CC.OO. volvió a interceptarme, y finalmente llegué a la puerta de la sala. Las butacas no estaban numeradas y aparentemente no cabía ni un alfiler, aunque, con suerte, me pude acomodar en una localidad bastante cejada.
Pepe Rubianes no hizo la introducción de unos diez minutos que en otros lugares solía hacer. De hecho, según me enteré más tarde, ni siquiera había venido a Madrid (bonita forma de dar la cara).

La obra

El comienzo de la obra confieso que me dio miedo, mucho miedo: escenario sobrio (todo negro), música de sevillanas de fondo, diez sillas dispuestas como en un tablao flamenco... es la misma estética repetida hasta la saciedad en todos los festivales de verano que vi durante mi adolescencia, allá en Andalucía. A algunos les gustará, a mi confieso que me aburre, me cansa, incluso me echa para atrás. Así que, de entrada, con reparos.
Pero la verdad que luego todo va a mejor. Más que obra dramática, "Lorca eran todos" es una especie de documental interpretado, en el que se suceden textos y testimonios de Ian Gibson, la hermana de Lorca, Luis Rosales y sus hermanos (curiosamente, una destacada familia de falangistas que se puso en peligro para intentar salvar a Lorca) y de otros personajes que jugaron algún papel en los últimos días de la vida del poeta. La bailaora Laura Galán representa a la muerte, y con su zapateo va haciendo de transición, de "cortinilla", entre uno y otro episodio.
Los actores están francamente bien tanto en los distintos personajes que van encarnando como en la función de coro, de acompañamiento y coda de la acción (que no es acción, sino testimonio o interpelación al auditorio).
La verdad es que me gustó, y que aplaudí con ganas al final. Pero no es menos cierto que nunca se me hubiera ocurrido acudir a esta obra si no llega a ser por la desagraciada suerte de acontecimiento que llevaron a desprogramarla del Teatro Español. Nunca, si no se hubiera amenzado y presionado hasta lo intolerable para conseguir que se retirase de la cartelera.

Principios

Es una cuestión de principios. Como dice Gustavo, el acoso, la censura e incluso la violencia se ejerce ahora contra los bufones, contra los payasos y los provocadores, pero, como en el poema erróneamente atribuido a Brecht, si nos quedamos sentados luego vendrán a por nosotros.
No es esta la primera vez. En poco tiempo, se ha censurado una obra de Íñigo Ramírez de Haro, se ha colocado una bomba en el espectáculo La Revelación, de Leo Bassi, y ahora se "desprograma" por amenzas la obra de Rubianes.
La verdad es que me hubiera gustado que en el Auditorio de CC.OO. hubiesen estado no sólo Rubianes, sino representantes del Partido Popular (que ingenuo, ¿verdad?), del PSOE (sólo representado por un concejal), y del mundo artístico (yo sólo vi a Candela Peña). Pero parece que nadie ha querido salpicarse en este asunto, nadie ha querido situarse en el centro de la diana. Por esta vez.