Me era imposible seguir. Por fin, todo se puso a dar vueltas en mi cabeza; incluso me pareció que todo lo que había escrito no servía para nada y aun era un absurdo peligroso. No podía hablarse de conciencia en la Edad Media; la conciencia había sido inventada por aquel profesor de baile, llamado Shakespeare, y, por consiguiente, todo mi discurso era falso. ¿No había nada bueno en mis cuartillas?

Hambre
KNUT HAMSUM