El viernes ni me acerqué. Llegué a mi pueblo como a las nueve y media de la noche, y la cosa quedó en una (siempre maravillosa) cena en familia, con mis padres. Así que ni vi la charla inaugural de Enrique Dans ni le pude tomar el pulso a la cosa (que realmente es lo que me interesaba).El día siguiente, el sábado, me esperaba todo un maratón del que aún no sé cómo he salido indemne. Es uno de esos días en los que se junta todo: el Evento, por supuesto, pero también la presentación de un libro de mi amigo José Antonio Francés, y había además que reservar tiempo para los amigos y la familia... imposible ajustarlo todo en 24 horas.
Me fui para Sevilla muy tempranito, comprobé que la ciudad está, como dice Truman, gallardonizada de tanta obra, aparqué junto al Lope de Vega y me dio apenas tiempo a ver una conferencia sobre Guadalinex y otra de Ismael El-Qudsi sobre Windows Live. Luego tuve que salir precipitadamente para atender otros compromisos, con lo que me perdí la conferencia de Orihuela (me dijeron que estuvo bien), y no volví hasta la tarde, para comprobar decepcionado que no habría duelo entre Escolar (Nacho) y Arcadi Espada, y todo quedó en un soso Escolar-contra-Escolar, en el que padre e hijo aburrieron a base de obviedades y peloteo consanguíneo.
Y poco más. La verdad es que en el Evento solo estuve de refilón. A destacar la entrega y el magnífico trabajo de los organizadores; mi paisano José Luis Antúnez, Benito Castro y Luis Rull, que desplegaron una actividad apabullante, atentos al menor detalle, siempre pendientes de todo y de todos, con los gestos y las palabras justas para todos y cada uno (y eso que era difícil allí, con más de 300 egos -perdón, blogueros- deambulando). Muy bien currado, sí señor, con unas instalaciones magníficas (las de la Diputación de Sevilla), una atención sobresaliente, un beers&blogs de categoría (con canapeses y todo, no se lo pierdan), y hasta descuentos en el AVE para los que eligieron este medio de transporte. Un diez. Aunque algún pecado habrán cometido en otra vida para que algunos hablen tan mal de ellos. Digo yo.
En fin, pasé un buen rato, eché unas risas con Truman y su chica, y poco más. A esperar el del año que viene.