Marat-Sade El pasado sábado un eclipse total de luna captó la atención de miles de personas, que salieron a campo abierto o a las plazas y azoteas de las ciudades para contemplar un fenómeno siempre fascinante pero que antiguamente aterraba a la humanidad.
La luna, la diosa de la noche, que cada 28 días completa escrupulosamente un ciclo perpetuo de muerte y renacimiento, nos es arrebatada inopinadamente (y sin que el hombre antiguo supiera explicarse por qué) cada vez que, de tiempo en tiempo, la Tierra se interpone entre el Sol y nuestro particular satélite.
Por eso los eclipses de luna eran una infausta señal que invitaba a prevenirse de cualquier mal insospechado. Y yo tenía que haberlo tenido en cuenta cuando la mañana del domingo, que en Madrid era soleada y ventosa, me desayuné con el artículo (carta del director, le llama) que Pedro J. Ramírez, el director del amarillista diario español El Mundo, dedica a una comparación tan llena de mala fe como traida por los pelos entre el Marat-Sade de Peter Weiss, que representa estos días la compañía Animalario en Madrid, y el acercamiento domiciliario del terrorista etarra Iñaki de Juana Chaos decidido por el Gobierno español hace unos días.

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