Desde hace varias semanas, alguien nos falta. Máximo ha desaparecido. Sus viñetas libres y distintas ya no están en las páginas de El País. Y no lo entendemos. La decisión del rotativo que forma parte de nuestra vida, que leemos siempre o de vez en cuando, que nos alegra o nos cabrea, que nos ayuda a traducir los cambios que se producen a nuestro alrededor, es contrario a lo anunciado. El País iba a ser más El País que nunca. Pero el periódico ha perdido una de sus señas de identidad.

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