Ayer fuimos al estreno de En Negro. Nada más entrar en el Janagah, un indivíduo con sombrero, que prorrumpía sin ton ni son en sonoras carcajadas y demandaba contraseñas a diestro y siniestro nos hizo sentir que aquello era el espectáculo (error: luego descubrimos que tan sólo era un espontáneo). Nervios de estreno. La función se retrasa, en busca de esos últimos retoques que nunca parecen acabar. Finalmente entramos en la sala, que rápidamente se llena (bueno, no se asusten, el aforo es muy reducido).

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