Ubuntu Se acabó: ya no podía más con Windows. Mi portátil, tras apenas dos años, estaba hecho unos verdaderos zorros, tardaba siglos en iniciarse, fallaban procesos (cuando no el sistema completo) cada dos por tres, y, para colmo, la desconfiguración y posterior imposibilidad de reinstalar el antivirus (y eso que soy el único de mi barrio, que yo sepa, que lo ha pagado) acabaron por convencerme para salir, de una vez por todas, del lado oscuro. Me pasé a Linux.

Seguir leyendo