Esto de tener un blog no deja de tener algo de pornográfico. Pornografía sentimental, que te hace exponer tus emociones ante cientos (si Google Analytics no miente) de miradas más o menos anónimas. Nunca sabes a ciencia cierta quién está ahí, al otro lado. Tan sólo en el momento -mágico- en el que alguna anotación recibe un comentario es cuando se rompe esa sensación de estar tirando botellas con mensaje al mar.
Como los antiguos se aferraban a los augurios (el hígado de un ave, la disposición de las nubes, el cantar de los pájaros...), los que escriben en Internet, los bloggers, recurren como oráculo a las estadísticas y análisis de referencias.

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