jueves 08 marzo de 2007
Pedro J. y los titiriteros
Por m4rt1n, jueves 08 marzo de 2007 a las 23:47 :: Hoy estoy cabreado con...
El pasado sábado un eclipse total de luna captó la atención de miles de personas, que salieron a campo abierto o a las plazas y azoteas de las ciudades para contemplar un fenómeno siempre fascinante pero que antiguamente aterraba a la humanidad. La luna, la diosa de la noche, que cada 28 días completa escrupulosamente un ciclo perpetuo de muerte y renacimiento, nos es arrebatada inopinadamente (y sin que el hombre antiguo supiera explicarse por qué) cada vez que, de tiempo en tiempo, la Tierra se interpone entre el Sol y nuestro particular satélite.
Por eso los eclipses de luna eran una infausta señal que invitaba a prevenirse de cualquier mal insospechado. Y yo tenía que haberlo tenido en cuenta cuando la mañana del domingo, que en Madrid era soleada y ventosa, me desayuné con el artículo (carta del director, le llama) que Pedro J. Ramírez, el director del amarillista diario español El Mundo, dedica a una comparación tan llena de mala fe como traida por los pelos entre el Marat-Sade de Peter Weiss, que representa estos días la compañía Animalario en Madrid, y el acercamiento domiciliario del terrorista etarra Iñaki de Juana Chaos decidido por el Gobierno español hace unos días.
Tras un
Antonio Medina de Haro fue uno de esos profesores que crean vocación. Era uno de esos extraños casos que atraían incluso a estudiantes no matriculados a las aulas. Con algunos de nosotros, los que de una forma u otra estuvimos relacionados con el grupo literario Poemar, se creó un vínculo que fue mucho más allá. Él era para nosotros un maestro -y así se lo hacíamos saber-, un referente y modelo al que seguir pero, a la vez, nuestra alocada actividad creativa y editorial le sirvió a él de medio para expresar su tantas veces contenida creación poética.
Se acabó: ya no podía más con Windows. Mi portátil, tras apenas dos años, estaba hecho unos verdaderos zorros, tardaba siglos en iniciarse, fallaban procesos (cuando no el sistema completo) cada dos por tres, y, para colmo, la desconfiguración y posterior imposibilidad de reinstalar el antivirus (y eso que soy el único de mi barrio, que yo sepa, que lo ha pagado) acabaron por convencerme para salir, de una vez por todas, del lado oscuro. Me pasé a 


